Lectura según Daniel Pennac

Muchas personas no poseen el hábito, lo cual no tiene nada de malo ni los clasifica como seres inferiores intelectualmente. Simplemente, estos individuos se limitan al hecho de que probablemente no tienen el tiempo para dedicarlo en la lectura o tienen otra pasión que ocupa sus instantes libres. Sin embargo, existen otros hombres que no leen por la sorpresa del encuentro con un texto incomprensible para ellos sin darse cuenta que uno de los valores más notables y destacados de una obra literaria es el hecho de percibir que se cuenta una historia. No interesa si es un texto complejo conceptualmente como un libro de Nietzsche o una historia que va enredándose con cada intercambio de página como algún cuento de Cortázar, lo intrínsecamente relevante es que el lector entienda que lo que se busca es contar una historia, una experiencia. De esta manera, cuando el lector se deja envolver por una trama fascinante puede abrir los ojos al verdadero mundo de las percepciones, donde la imaginación brota a flor de piel y no existen espacios para lo imposible, llevándolo a entremezclarse con conquistadores en busca del país de la canela o permitiéndole presenciar la caída de trece generaciones de reyes malditos. Estas experiencias, adictivas por sí mismas, sumergen al lector en un país de las maravillas que no quiere desalojar y que debe abandonar cada vez que regresa a su rutina, pero al que ansía volver cada vez que posea el momento propicio para hacerlo.

Así mismo, cuando el final del libro llega y el placer de haberlo leído es tan abrumador como cierto, no existe ninguna persona en el mundo que pueda impedir al lector retomar un emocionante texto que lo siente como moldeador de su vida. El repetir no significa no tener más que leer, el repetir es el volver a revivir todas las situaciones que movilizan al hombre como ser humano y comprender lo que probablemente había quedado en un vacío mental. De esta manera, está permitido leer lo que se quiere, cuantas veces se quiere y donde se quiera debido a que lo que realmente interesa es que la lectura se haga por una sutil pero penetrante pasión y no por la condición social de deber hacerlo.Imagen

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